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Rapa Nui 2003 – 2011

 

EL ÚLTIMO REY DE PASCUA

Después de más de cien años, la isla ha vuelto a tener un soberano. Y en su primera acción, el rey Valentino demandó al Estado de Chile pidiendo una indemnización millonaria por perjuicios y la anulación del Tratado de 1888. De ganar en los tribunales, Chile no tendría ningún vínculo con Rapa Nui. ¿Quién es este hombre?

 

Por Marcelo Simonetti

1.

A ratos, el rey se queda en silencio. Observando. Como un testigo de esa realidad que se desata a su lado, por momentos como una tormenta. La sala es austera y tiene el encanto deslavado de las sedes de esos partidos políticos de izquierda de antaño donde lo accesorio no existe. Hay varias sillas, una mesa, un escritorio, un mapa de la isla que parece llevar mucho tiempo colgado de esa pared, papeles, hartos papeles. Escucho la voz combativa y rasposa de LevianteAraki, el presidente del Parlamento Rapa Nui. Escucho la voz nítida de Inés Teave, la vicepresidenta, que parece cortar el aire con su filo. Afuera, la tarde cae en Te Pito o Te Henúa, con cielo de postal. Palabras como lucha, independencia, territorio, Chile, injusticia, salen de sus labios. Yo miro y escucho, en silencio. Igual que el rey.

 

2.

ValentinoRirorokoTuki es el rey de Isla de Pascua. El último. El más reciente. Hace dos meses lo proclamaron en la Plaza de la Gobernación los miembros del Parlamento Rapa Nui. Le pusieron una corona de plumas y mahute. Había sol. También chubascos. Cerca de 60 personas. Trato de imaginarlo en esta mañana verde, trasparente, mientras dejamos atrás la avenida AtamuTekena y nos adentramos por un camino de tierra. Hay pequeñas parcelas a un lado y otro. Unos perros flacos y desgreñados ladran al paso del jeep que hemos arrendado. La casa del rey está lejos de ser un palacio. Es una casita modesta. Así, como se ve, parece deshabitada. Lo llamamos a los gritos. Nadie contesta. La puerta está abierta y por ahí salen dos gatos curiosos. De pronto, de entre los árboles, aparece él. “¡Loreeeenzo!”, dice, al reconocer al fotógrafo de esta historia, quien ya hizo un libro sobre Rapa Nui y un documental. Avanza con la velocidad que sus 79 años le permiten, sin bastón, el pelo cano, anteojos de marco grueso. Lo abraza sonriente. Y cuando me estrecha la mano, curtida y fuerte, siento los oficios con los que se ha ganado la vida: agricultor, pescador, artesano.

-Aquí está el rey pobre –dice con esa voz que se la ha ido gastando con los años, un poco quebradiza, amistosa. Una voz que parece más la de un agricultor, la de un pescador, la de un artesano, que la de un rey.

La soledad del poder aún no corroe su cotidianidad. Quizá porque lleva dos meses, quizá porque el poder que tiene no es tanto, quizá porque no lo ambiciona. Vive rodeado de la mayoría de sus ocho hijos y 24 nietos, repartidos en una franja de once hectáreas, en la que se levantan casas pequeñas, con árboles, huertas y perros. Y prácticamente todos los días desayuna una taza de té o hierba Luisa y un trozo de pescado. Luego de unos minutos me dice, con esa voz de andar por casa, cotidiana, familiar:

-Tengo que anular el Tratado de 1888 que firmó AtamuTekana. Por culpa de ese tratado han pasado tantas cosas malas en la isla. Si nosotros teníamos menos derechos que los animales. A los animales les anotaban las pariciones. A nosotros ni los nombres. Si un rey firmó ese tratado, un rey se encargará de anularlo. Por eso estoy aquí.

 

3.

Después de cien años, la isla vuelve a tener un rey. Y en la explicación de ese hecho hay una diabetes y una demanda. También un abogado.

LevianteAraki y ErityTeave, directora ejecutiva de derechos humanos del Parlamento Rapa Nui, contactaron a al abogado Osvaldo Gálvez, amante de la historia y de la Isla de Pascua. Parar redactar una demanda que hiciera tambalear al Estado, querían anular el Acuerdo de Voluntades de 1888. Él fue quien les dijo que era indispensable la existencia de un rey para deshacer ese acuerdo; un rey que no existía desde que el reino había sido convertido en un ghetto pobre y maltratado, allá por 1895, cuando Chile arrendó la isla para convertirla en una gran estancia ganadera.

 

Los representantes de las 36 familias ancestrales, agrupadas en torno al Parlamento, acordaron que el nuevo monarca debía ser el mayor de los descendientes del último rey, Simeón RiroKainga, asesinado en 1898. El nieto más longevo era Benedicto Riroroko. Sin embargo había un problema, como bien explica el abogado Gálvez: “Ese rey tenía que estar en condiciones de poder presentarse en un juicio para defender los argumentos de esa demanda. Benedicto Riroroko tiene más de 90 años y está postrado en cama como consecuencia de una diabetes. No puede moverse”.

Recién entonces surgió el nombre del hermano menor de Benedicto, Valentino.

Ungido como nuevo rey, la demanda contra el Estado de Chile se presentó a su nombre los primeros días de agosto, en el 2° Juzgado Civil de Valparaíso. En ella exige el término del Acuerdo de Voluntades firmado en 1888 (por el que el rey AtamuTekena, cedía la soberanía a Chile a cambio de protección) y una indemnización por perjuicios de 175 mil millones de pesos, la que busca compensar el uso de tierras y animales y el retiro de más de 10 mil piezas arqueológicas ancestrales.

El fondo de la demanda aún no ha sido visto por el juez, ya que el abogado del Fisco presentó dos excepciones dilatorias. Resuelto eso hay un plazo de diez días para contestar a la demanda. Una victoria en los tribunales dejaría sin efecto el Tratado de 1888 y la isla debería volver a la organización que tuvo antes de la firma de ese acuerdo, con el rey como jerarquía máxima y con el dominio ancestral inalienable sobre las tierras de la isla por parte de los rapanui.

Si la demanda se perdiera, el caso ya está en manos de los abogados de IndianLaw, una organización norteamericana que protege los intereses de los pueblos originarios, quienes lo presentarán a la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.

La batalla es larga, pero a los rapanui no les preocupa el tiempo.

 

4.

 

ValentinoRiroroko es nieto de Simeón RiroKainga, heredero de una dinastía inaugurada en el siglo IV por HotuMatua, el rey colonizador. El poder real se transmitía de padre a primogénito, hasta que las incursiones esclavistas de 1862 y las epidemias resquebrajaron las ancestrales líneas de sucesión de la monarquía. Las misiones religiosas que llegaron a la isla en 1864 intervinieron la sucesión abriendo paso a una galería variopinta de monarcas: el francés Jean BaptisteOunésimeDutrou-Bornier, esquilmó la isla y se autoproclamó rey; Koreto, fue la nativa que se casó con Dutrou-Bornier, y asumió una vez que los pascuenses asesinaron a su marido; AtamuTekena, fue el primero y el último de una proyectada dinastía católica; y RiroKainga, el primer rey elegido democráticamente. Algunos historiadores consignan también a  Moisés Tu’uHereveri, electo en 1901, pero para la historia oficial, visada por la Marina, la dinastía termina con RiroKainga.

El poder de los últimos reyes palideció una vez que Chile dio en arriendo esos 163,6 kilómetros cuadrados de tierra. A partir de 1895, el verdadero poder estuvo en manos del administrador de turno: el francés Enrique Merlet en los primeros años; luego la compañía WilliamsonBalfour, que dejó la isla en 1953; y finalmente la Armada de Chile, que recién en 1966 terminó con el ghetto.

La posibilidad de un rey en esas condiciones era un despropósito. Encerrados dentro de un cerco de alambres y pirca, imposibilitados de moverse por toda la isla, enfermos y vejados, la vida de los isleños fue una pesadilla. Como dijo Pedro Hito, representante de su clan: “Aquí hubo un Auschwitz y se llamó Hanga Roa”.

 

5.

El rey Valentino nació en 1932 en una isla podrida. “No teníamos nada. Ni animales ni agua. Las mujeres tenían que recorrer varios kilómetros para traer agua desde el Volcán Orongo. Tampoco podíamos pescar”, cuenta, sentado en el asiento del copiloto del jeep. No termina de decir su frase cuando se me viene a la memoria un texto del etnólogo suizo Alfred Métraux que subrayé antes de viajar a la isla: “Desatendida por los chilenos y bajo la influencia nefasta de los elementos enviados a ese lugar, la Isla de Pascua no decayó, sino que simplemente se pudrió en una miseria irremediable”.

Su abuelo, el rey Simón RiroKainga, intentó denunciar los vejámenes que vivían y se embarcó a Valparaiso,pero una vez que llegó fue envenenado y enterrado en un lugar desconocido de los cerros porteños.

Mucho tiempo después, Valentino Riroroko repitió el viaje de su abuelo buscando huir del infierno que se vivía en la isla, incluso varios años después de la salida de la compañía WilliamsonBalfour. Primero, como polizonte en un buque de la Armada, en 1946; luego junto a Jacobo y Ambrosio Riroroko, Gabriel Tuki y Orlando Paoa, en 1955.

-Paremos aquí –me dice. Unos muchachos salen del agua cargando unas canoas en la caleta de Hanga Piko. Se queda unos segundos en silencio, recordando.

-Fue aquí de donde salimos. Queríamos llegar a Tahiti. Teníamos parientes allá. Zarpamos en una chalupa a vela. Cuando llevábamos treinta días navegando se nos acabó la comida y tres días después nos quedamos sin agua. Lo único que teníamos para comer era un tarro con manteca. Por suerte llovió. Después de eso tomábamos el agua que había quedado apozada en el bote. Durante más de tres semanas estuvimos casi sin nada que comer -detalla Valentín.

Tras 54 días sin tocar tierra llegaron a la isla Atiu, del archipiélago Cook, donde fueron recibidos por el Rey. Enviados por éste quisieron entrar a Tahiti pero no pudieron.

-No teníamos documentos. Volvimos a las Cook, navegamos a Panamá en un carguero chileno. Nos obligaron a pelar papas hasta Perú, y de ahí a Chile. Al llegar a Valparaíso nos quisieron devolver y yo amenacé a las autoridades con contar a los periodistas cómo nos tenían en la isla. Entonces, dejaron que me quedara.

En Chile estuvo 20 años. Fue folclorista, artesano y defensor de los derechos de su pueblo. Cuando en 1974 regresó a vivir a Rapa Nui, ya no había alambres. La prohibición de circular libremente por la isla había sido levantada. El Estado chileno los reconocía como ciudadanos. Y la Ley Pascua, dictada por el Parlamento de Eduardo Frei Montalva en 1966, confirmaba que la tierra pertenecía a los isleños y que no se podía vender.

 

6.

Valentino no es un rey despótico ni arrogante ni ampuloso. Tampoco tiene la estampa del caudillo que aviva las masas ni del orador. Le gusta contar historias, pero en otro tono. Quienes lo conocen lo saludan con respeto y dicen ariki, que en rapanui significa rey. Pero para otros pasa inadvertido. Muchos de los jóvenes, más preocupados de los celulares o del reggaeton, ni siquiera saben que hay un nuevo rey. Nada en su vestimenta da cuenta de su estatus.

Pasamos a la casa de una sobrina. En el patio cuelga un novillo despostado. Es la ofrenda para el velorio que harán los deudos de uno de los siete pascuenses que murieron la última semana en la isla. “Ya me estoy asustando”, dice en tono de broma, porque esa es otra de sus características: es un rey divertido. Saluda, toma una silla y se sienta a conversar. Entonces desovilla alguna de las historias que ha vivido: la vez que construyó ese moai de 7 metros 60 para una universidad penquista; o el viaje que hizo, por encargo del presidente Allende, en la barcaza Pinto, al cuidado de Hortensia Bussi y sus tres hijas y que terminó con un curanto en la playa de Anakena.

En la casa de una de sus hijas, será Daniela (25), la segunda nieta quien lo incluirá en un relato. Y contará que un día entró a comprar a un negocio en Laguna Verde, Valparaíso, y la dependienta al oírla hablar le preguntó si era de Isla de Pascua. Ella le dijo que sí. Y tras cartón, la mujer le dijo que hace 50 años había conocido a un hombre encantador. “¿Cómo se llamaba?”, preguntó Daniela. “Valentino Riroroko”. “Es mi abuelo”, le contestó antes de que la abrazara entre llantos.

 

7.

El cartel llama la atención. Está a dos metros del suelo y una cuadra de las oficinas de LAN. “Para el conocimiento internacional Rapa Nui jamás entregó ni cedió la soberanía a Chile”, dice a trazos gruesos. La frase es parte del ideario del Parlamento Rapa Nui, la agrupación que proclamó al nuevo rey y que reúne a representantes de los 36 clanes de la isla.

El Parlamento lleva las riendas en las reivindicaciones isleñas con protestas y tomas de terreno. Es una escisión del Consejo de Ancianos, una institución ancestral que se reorganizó a fines de los 80 y que, desde entonces, preside Alberto Hotus. En 1993, el grupo más radical se separó y formó el Parlamento Rapa Nui.

Las movilizaciones diciembre del año pasado, terminaron con una represión policial violenta y 30 manifestantes heridos. Las fotos de esas jornadas muestran a los isleños ensangrentados, con impactos de perdigones incluso en la cabeza. LevianteAraki, el presidente del parlamento, recibió ocho descargas que casi le comprometen un riñón y aún le quedan rastros de esas heridas en la espalda.

Cuando en la tarde me reúno con Araki, con un grupo de parlamentarios y con el rey en la sede de la agrupación es fácil entender su rabia: “¡Nunca me he sentido chileno! ¿Cómo podría si el Estado nos mandó a asesinar? Hoy día queremos que Chile se vaya. Chile nunca ha ayudado a esta tierra.Desde los días del rey HotuMatua hasta hoy cada clan tiene su territorio y seguimos encerrados en Hanga Roa. Lucharemos por recuperar la tierra que ancestralmente corresponden a cada clan”, dice con su voz rasposa.

Luego es el turno de Inés Teave, la vicepresidenta. Pequeña, enérgica, tiene un discurso claro: “El Estado Chileno confunde las cosas. Las leyes que hace son para los chilenos no para nosotros. El parlamento chileno no sabe nada de nosotros. Aquí hablamos rapanui, es nuestro idioma, no tiene nada que ver con español. Después traen sus libros hechos en Chile, con su mentalidad de Chile,para su pueblo chileno y quiere hacer eso mismo para nosotros. Nos manda chilenos y no queremos más chilenos. La isla es pequeña. Usted no puede confundir el azul con el amarillo, Rapa Nui no es Chile. Es otra cosa. Japón es de japoneses, y habla japonés. Rusia es de rusos y habla ruso. Rapa Nui es de rapanuis y habla rapanui. Usted no puede confundir el corazón con un riñón. El rapanui es rapanui. El japonés es japonés. El chileno es chileno”.

Después de una hora y media, la reunión termina. Partimos en el jeep rumbo a las cabañas que arrendamos. Un carabinero nos pide los documentos. Es de Angol, lleva tres meses y se acostumbra a la isla. La imagen de un carabinero aquí es extraña. Nos detenemos unos minutos a tomar fotos en los moais del Tahai. El AhuTahai y el AhuKo Te Rikuse recortan contra un cielo nunca visto en Santiago.

 

8

-¿Usted no tenía el pelo tan corto antes? –dice Alberto Hotus, luego de abrirnos la puerta de su casa.

-Me hice un corte militar –contesta Moscia, el fotógrafo de esta historia.

-No –dice Hotus, y con un gesto enérgico se pasa la yema de los dedos por la nuca rasurada como en un regimiento- ¡Esto es corte militar!

Hotustiene 82 años y desde hace más de veinte es el presidente del Consejo de Ancianos de la isla, además de concejal por el PPD. Huyó a Valparaíso en la década del 40 y entró a la Armada. Se hizo suboficial, estuvo 25 años en la institución, 18 de los cuales los pasó con los comandos.

Cuando le pregunto por el Parlamento Rapa Nui, que parece haber desplazado al Consejo de Ancianos en la representatividad de las demandas de la isla, me dice:

-Todo ese tema es una lesera. Partiendo por ese cartelito que tiene un poco más arriba y que lo único que hace es desprestigiar a la isla. Los turistas piensan que esto es tierra de nadie Yo estoy con mi país. Yo no soy extranjero. Qué me importa a mí que ellos no se sientan chilenos. Pídales el carné y vea qué dicen sus carnés. O pregúnteles qué pasa cuando están enfermos, ¿dónde se tratan?

Alberto Hotus rellena las tazas de café y ofrece galletas. Conoce muy bien la historia rapanui, ha escrito varios libros y es un ferviente católico que toca el acordeón y la guitarra en la misa dominical. El último domingo él estaba ahí cuando el sacerdote hizo ponerse de pie a los representantes de la FACh que viajaron a la isla para una misión médica. Hubo aplausos, pero no de todos.

-Yo soy un agradecido de todas las fuerzas públicas que nos defienden. Conozco Chile de norte a sur y sé que hay comunas que están mucho más atrasadas que la nuestra. Aquí estamos bien. ¿Se imagina volver a los tiempos previos al Acuerdo de Voluntades de 1888? La independencia total es una tontería. La idea es que se nos devuelva la tierra en la medida que la vayamos necesitando. ¿Para qué quiere la independencia? ¿Para vivir en la parte ancestral? ¿Y quién cree usted que va a llevar el agua y la luz para allá?

Cuando posa para la foto, marcial e imperturbable, con una guayabera roja, me dice que el Estado Chileno libró a la isla de la lepra, que en un momento todos estaban infectados y que no hay que descuidarse porque hace 15 años volvió a aparecer un caso. “¿Cómo yo voy a morder la mano que me ha ayudado?”.

No sólo por eso no está de acuerdo con el rey. Dice que esa figura debe recaer en los descendientes de Enrique Icka, a quien correspondía por linaje esa investidura cuando fue elegido RiroKainga. “¿Por qué cree usted que me eligieron a la cabeza del Consejo de ancianos? Porque yo desciendo de él”, sostiene.

 

8.

Desde que vino a vivir a la isla, Valentino Riroroko ha regresado al continente sólo por motivos médicos.La última vez que lo hizo, en 2008, debió quedarse por cerca de un año. Hoy su mujer lleva ya varias semanas en Santiago, tratándose un glaucoma.

En la escena final de este encuentro en Rapa Nui, el nuevo rey camina por los alrededores del Volcán Orongo con su corona de plumas y mahute. La tarde cae allá al fondo.

-¿Cómo te imaginas la isla en cincuenta años más?

-Qué va a saber uno.

-¿Cómo te gustaría que estuviera entonces? –le digo y tras unos segundos responde.

-Libre.

 

 

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